Читать книгу Un mundo para Julius онлайн
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Y Martín, que no era tan retaco pero que ya tenía once años, llegó justo a la hora del lonche. Vino solo y caminando desde su casa y entró diciendo que mañana traería el regalo, en realidad al pobre su papá le había dicho que se dejara de mariconadas, que ya estaba bien grandazo para regalitos, pero que no se perdiera tremendo papeo. Y ahora, bien pegadito a la mesa, comía su tercera butifarra ante la mirada de Rafaelito, algo así como la de un gato en celo. Ya Víctor estaba atendiendo a todos, ya las amas estaban atentas al bocado que su niño se iba a meter en la boca, o sacándole la lechuga a la butifarra por lo de la tifoidea, o quitándole la platina al chocolate y guardándose el poema de Campoamor que había adentro. Ya Julius y Cinthia estaban cada uno con su sanduichito en la mano, ya Vilma estaba nuevamente hermosa y tranquila, ya la tía Susana estaba nuevamente al mando de todo y horrible, ya Pipo y Rafaelito le estaban diciendo a Martín que esos eran y señalándole a Cinthia y a Julius. Todos comían, el gordo también, por supuesto, mírenlo qué gracioso cómo se atraganta, es hijo de Augusto y Licia; todos comían sus dulcecitos hechos por monjas de antiguos conventos de Lima, de Bajo el Puente, del Carmen, de los Barrios Altos, del fin del mundo, hija, el chofer se perdió y eso que ha vivido por ahí, ahora ya no, hija, ahora en una barriada les da por eso, por lo del terrenito y tienen que irse más temprano, es un fastidio; ya todos comen bizcochitos, fíjate si no es un bárbaro el gordo; y todos beben sus helados, ese es el Martín ese; y todos piden más Coca-Cola y Víctor va por ellas, las trae, las reparte, roza a Vilma al pasar, a Vilma que se contempla en el inmenso espejo que cubre toda una pared: es guapa, por eso le gusta a Víctor, le queda bien su moño y qué exacto término medio el de esos tacos, ni altos contra el uniforme, porque la señora no consentiría, ni bajos tampoco, casi no se nota que son altitos y sin embargo le tornean las piernas, los senos están bien marcados bajo lo blanco, la tela ayuda, se muestran bien y el cinturón marca la cintura, las caderas son anchas, fuertes, están buenas... Desde el otro lado del comedor, la señora la está mirando, conversa de otra cosa pero la está mirando: tremendo el Víctor, es guapa la chola, medio gordona pero guapa, el pelo es ordinario pero es guapa, las piernas bien formadas, es robusta, ya tiene años cuidando a Julius, desde que nació, es guapa, es pretenciosa, cómo se mira, yo soy fea, guapa la chola, pobre... Y el zamarro del Víctor, tumbarla, tumbarla y guiñaditas: se estaba comunicando por el espejo con Vilma.